Cláusula sobre las comisiones a percibir por parte del gestor inmobiliario por la comisión por el servicio propio de la mediación o la comisión por el servicio necesario para el desarrollo de la mediación.

El derecho al cobro de los honorarios del agente intermediario, surge en el momento de perfección del negocio jurídico objeto de mediación, perfección que se entiende producida desde que las partes se ponen de acuerdo sobre las condiciones de la operación, mediante la suscripción del correspondiente contrato.
La perfección del contrato de compra-venta se verifica en el momento en que el vendedor y el comprador, se ponen de acuerdo sobre el objeto y el precio, aunque ni la una ni el otro se hayan entregado (Artículo 1.450 Código Civil).

El agente no está obligado a responder del buen fin de la operación, pues este resultado ya solo depende de la voluntad de las partes. Formalizado el contrato privado de compraventa gracias a la intermediación del agente, surge ya el derecho de éste al cobro de sus honorarios, por haber desplegado precisamente la actuación que le resulta exigible. Y ello aunque posteriormente no se verifique la elevación a escritura pública de compraventa, puesto que, como se ha dicho, tal otorgamiento no depende ya del agente, sino del cumplimiento por las partes – compradora o vendedora – de las obligaciones contractualmente asumidas.

En cuanto al momento del pago de los honorarios ya devengados, en atención al principio de autonomía de la voluntad de las partes, el agente y comitente pueden perfectamente convenir diferirlo en el tiempo, fijándolo, por ejemplo, en el momento en que se otorgue la escritura pública de compraventa. Pero si posteriormente, tal escritura no se otorga por causa imputable a cualquiera de las partes del contrato, el agente no pierde su derecho al cobro de los honorarios devengados con la perfección del contrato de compraventa, debiendo procederse a su abono en los términos convenidos.

El cobro de la comisión pactada se devengará con la simple firma del contrato de arras por las partes, promesa de venta, o cualquier otro compromiso al que los contratantes pudieren llegar.

La mediación es una actividad, no un resultado, por lo que, puestas las partes en contacto y habiendo convenido la celebración del contrato, la labor del gestor inmobiliario cede ante lo que serán las relaciones privadas entre las partes contratantes vendedora y compradora. Por ello, el gestor inmobiliario ya tendrá el derecho a percibir su retribución, incluso en el supuesto de que luego la efectiva firma del contrato definitivo no se lleve a efecto por causa imputable a cualquiera de las partes.

El Tribunal Supremo indica que el derecho del mediador nace con la perfección del contrato y no con su consumación. En tal sentido se pronuncian las sentencias del citado Tribunal de fechas 22 de diciembre de 1992 y 26 de marzo de 1992.